“Antes desde aquí podía ver el lago, pero ahora solo veo tierra y plantas secas, el agua se está evaporando”, comentó Filomena Pari de 70 años, mientras tejía en la entrada de su comercio en Puno, capital del departamento y provincia homónimos, situada en las riberas del Titicaca, cuyas aguas comparten Perú y Bolivia.
Detrás y alrededor de su local comercial el suelo está agrietado, también hay lanchas y pequeños botes varados. La sequía del ciclo 2022 – 2023 se acerca a niveles críticos.
En el poblado de Chullini, donde reside Filomena, el lago ha retrocedido unos dos kilómetros.