La Convención Constitucional chilena fue una experiencia innovadora para la política no solo de América Latina sino del mundo entero, y sus resultados se medirán el próximo 4 de septiembre, cuando la ciudadanía acuda a votar a favor o en contra de la nueva Constitución propuesta.
Este fue un proceso novedoso en sí mismo: contó con una composición paritaria, participación masiva de independientes, escaños reservados para pueblos originarios, mecanismos de participación popular y sesiones fuera de la capital, entre otras cosas.
Pero según reconocen diversos especialistas en la materia, el punto más revolucionario del proceso fue la paridad de género que llevó a 77 mujeres de las más variadas profesiones a sentarse y debatir en los mismos espacios que acostumbraban a ocupar los hombres. Solo para dar un ejemplo: la Cámara de Diputadas y Diputados chilena hoy tiene la cifra más alta de mujeres desde en su historia y son apenas 55 de 155, un 35% del total.