En un campo de espárragos del este de Alemania, la gran área destinada a viviendas tipo cuartel está dividida en dos.
Una mitad está reservada a ciudadanos de la Unión Europea, en su mayoría temporeros rumanos, mientras que la otra alberga a ciudadanos de fuera de la UE. Su nacionalidad varía de una temporada a otra. Antes de la invasión rusa de Ucrania en 2022, eran principalmente ucranianos. Más tarde, gracias a un acuerdo bilateral entre los gobiernos de Alemania y Georgia, llegó un pequeño grupo de georgianos. Este año, cientos de estudiantes uzbekos, todos varones, han estado viviendo en estos alojamientos precarios.
Los ocupantes de este barracón ilustran una tendencia más general: la geografía de la contratación de temporeros se extiende cada vez más hacia el Este. Con su mano de obra multinacional y sus malas condiciones de trabajo y de vida, esta explotación agrícola es un microcosmos que encarna la realidad de los temporeros en la economía más fuerte de Europa.