Si la demostración de que un liderazgo político funciona dependiese de un único tema, la lucha por salvaguardar nuestro clima sería probablemente la prueba elegida. Con la decisión de retirar a los EE.UU. del Acuerdo sobre el Cambio Climático de París (COP21), el presidente Trump ha renunciado a cualquier liderazgo responsable. Por el contrario, lo que ha hecho ha sido disminuir enormemente el poder y el prestigio de los Estados Unidos. Y al hacerlo, ha puesto en peligro a los estadounidenses y a los ciudadanos de todo el mundo.
El cambio climático es real y sus impactos serán de largo alcance. Existe ya un consenso científico sobre las relaciones entre las emisiones de carbono y el aumento en espiral de las temperaturas, en la superficie y en el interior de los océanos. Hoy existe evidencia del aumento del nivel del mar , inundaciones, olas de calor y empeoramiento de la salud de la población, también en los EE.UU. No hay posibilidad de “hacer grande otra vez a Estados Unidos” en un planeta difunto.
La renuncia al liderazgo en la lucha contra el cambio climático por parte de Trump va más allá del fracaso de un individuo extremadamente inadecuado. Es un síntoma de la existencia de un sistema político internacional disfuncional, organizado en torno a los estados-nación. Nuestros líderes políticos nacionales son cada vez más incapaces de salvaguardarnos y de protegernos, y mucho menos de proporcionar una visión positiva y de conducirnos hacia un futuro mejor. Es hora de reequilibrar el sistema global, transitando desde la soberanía nacional hacia la soberanía urbana.