Lo que pasó en Nueva Zelanda no es un hecho aislado. Sin lugar a dudas, este es un fenómeno que surge a partir de la islamofobia llevada al extremo, y que resulta en una masacre desconcertante que nos deja 50 muertos y 50 heridos. El ataque en Nueva Zelanda es la peor acción terrorista perpetrada por un militante de la extrema derecha en la historia moderna del país oceánico.
Este acto de violencia nos lleva a indagar sobre el futuro de los denominados discursos de odio, y, asimismo, nos hace reflexionar sobre la manera en la que radicalización ideológica conlleva a fenómenos incomprensibles, donde el racismo y la xenofobia son equivalentes a un nivel de violencia que busca romper con nuestras sociedades multiculturales.
Para el autor del atentado, el motivo de este crimen estaba claro: vengar la muerte de miles de personas asesinadas por ‘extranjeros invasores’. Teorías que circulan entre grupos de ultraderecha, como la de ‘El Gran Reemplazo’, un panfleto racista que señala que los pueblos europeos están siendo reemplazados por poblaciones no europeas de inmigrantes, son una muestra más de lo peligroso que es la propagación y legitimación de los discursos de odio.