La demanda de datos cuantitativos sobre los derechos humanos (y las injusticias humanas) nunca ha sido mayor. Hoy en día, los trabajadores de derechos humanos (es decir, los trabajadores de asistencia, activistas de derechos humanos, encargados de formular políticas y otros profesionales) usan las cifras para demostrar patrones de abuso, solicitar financiamiento, definir prioridades y averiguar qué funciona en las actividades de promoción y la prestación de servicios. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ordenó específicamente la reunión de datos sobre violencia sexual en tiempos de guerra. Las organizaciones de promoción despliegan datos cuantitativos cada vez con más frecuencia para argumentar a favor de dar atención y financiamiento a emergencias específicas. Sin embargo, aunque los enfoques basados en datos hacia los derechos humanos son loables en muchos contextos, no todos los datos son creados iguales. Algunos datos ilustran, otros solamente engañan.
El mayor problema con los datos sobre la violencia es que no es seguro que estén relacionados con los verdaderos patrones de violencia. Por ejemplo, la tasa de homicidios denunciados ha disminuido marcadamente en mi barrio del oeste de Filadelfia durante los últimos diez años. Esto podría significar que la tasa de homicidios real ha decrecido. O bien, podría significar que las personas han dejado de denunciar los delitos ante la policía, o que las autoridades están alterando los registros. Sin un conocimiento detallado de cómo ha cambiado la denuncia de delitos en mi barrio, es imposible decir cuál de estas situaciones es correcta (o si se trata de una mezcla de las tres, o de algo completamente distinto). Sin embargo, a menudo usamos datos cuantitativos en situaciones en las que no conocemos a detalle el contexto; ¿qué podemos hacer?
Los trabajadores de derechos humanos pueden empezar por analizar a qué clase de datos tienen acceso. En términos generales, hay tres clases de datos: inferencias estadísticas, conjeturas de expertos y listas. Las inferencias estadísticas provienen de datos de encuestas con muestreo sistemático o de la estimación de múltiples sistemas. En una encuesta bien diseñada, se conoce la relación entre la población (por ejemplo, todos los hogares en mi barrio) y la muestra (por ejemplo, 100 hogares elegidos de manera aleatoria en mi barrio en 2006; otros 100 hogares elegidos de manera aleatoria en 2016). Si asumimos que los hogares tienen la misma disponibilidad para responder una encuesta, y que es probable que respondan honestamente sobre si una persona de su hogar fue asesinada, entonces podemos hacer una inferencia estadística (o estimación) rigurosa de la verdadera tasa de homicidios del barrio. Claro que estos son supuestos considerables, que no suelen cumplirse en los contextos violentos.