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Los Juegos Olímpicos de Río y la injusticia socio-espacial

¿Es lícito transferir recursos de los intereses públicos a los privados? Los Juegos Olímpicos desvelaron las profundas contradicciones socioeconómicas y políticas de Brasil y ayudaron a legitimar esa transferencia de recursos. Português English

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Rio de Janeiro. Mike Egerton/PA Wire/PA Images. Todos los derechos reservados.

En noviembre de 2009, The Economist dedicaba a Brasil una portada (aquí). El Cristo Redentor representaba un cohete y, en grandes letras, titulaba: "Brasil despega". Los Juegos Olímpicos eran el momento idóneo para que el mundo pudiera verlo. Justo después de que se anunciase que Río sería  la ciudad anfitriona de los Juegos de 2016, el ex presidente Lula daba una entrevista en la que repetía, de muchas maneras distintas, la misma idea (aquí): "Ha llegado la hora de celebrar que Brasil ha dejado de ser un país de segunda clase para convertirse en un país de primera”; "El mundo finalmente ha reconocido que este es el momento y el turno de Brasil"; "Río de Janeiro y Brasil han demostrado al mundo que hemos conquistado la plena ciudadanía. Nadie tiene ya dudas acerca de la grandeza económica brasileña, de su grandeza social". Los Juegos Olímpicos de Río, por consiguiente, formaron parte de un rebranding no sólo municipal sino nacional, que venía a confirmar la eclosión de un nuevo Brasil. Dicho rebranding no era algo excepcional en el caso de Río, ya que cada ciudad anfitriona suele asociar sus enseñas y colores a los del evento (aquí, el caso de Beijing). En Río, esta fusión sirvió para impulsar y promover una transformación urbana sumamente concentrada y desigual.

Han transcurrido seis meses desde el día en que se apagó la llama olímpica de Río de Janeiro y quedan pocos rastros de aquel optimismo inicial. Hace dos años que la economía brasileña atraviesa una profunda depresión y millones de personas han vuelto a la pobreza por el aumento del desempleo. Una presidenta elegida, Dilma Roussef, ha sido apartada de su cargo tras un golpe parlamentario y sustituida por Michel Temer, un presidente al que nadie ha votado. Lula no hizo acto de presencia en unos Juegos que estaba tan orgulloso de haber conseguido para Brasil. El nombre de Michel Temer ni siquiera fue anunciado en la ceremonia de apertura, ya que los organizadores querían evitar los silbidos y protestas del público.