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Más allá de las operaciones de «redada y rescate»: es hora de reconocer el daño que se está causando

Las operaciones de redada y rescate se retratan muy a menudo como esfuerzos heroicos para salvar a personas inocentes de personas malvadas, pero la realidad no resulta tan clara. English

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Thien/flickr. (CC BY-NC-ND 2.0)

El movimiento abolicionista trabajando

La policía grita. Irrumpen en una casa de lujo con chalecos antibalas y con pistolas preparadas para disparar. Gritan en español y la gente en el interior se tira al suelo. La cámara apunta hacia el suelo, donde varios hombres y mujeres negros yacen tumbados boca abajo. La policía empieza a esposar a las personas en el suelo una por una. Entre las piernas de un policía, la cámara graba a dos hombres blancos de pelo rubio. Ellos también están tumbados boca abajo, pero uno de ellos levanta la cabeza, mira a su alrededor, encuentra al cámara, le guiña un ojo con entusiasmo y sonríe.

Este hombre es un estadounidense que ha orquestado esta redada en la República Dominicana como un operativo encubierto para «rescatar a niñas y niños víctimas de la trata con fines sexuales». En un breve vídeo que documenta los hechos, podemos seguirle a él y a sus amigos estadounidenses mientras se infiltran de incógnito en el país isleño como turistas sexuales. Vemos cómo pagan por tener sexo a través de una barra plagada de botellas de cerveza, y después fingen que la policía los pilla con los «tratantes» en el operativo encubierto. Nos enteramos de que horas más tarde los estadounidenses vuelven a sus hogares en EE.UU., mientras que a los dominicanos los encierran en prisión por acceder a venderles sexo. El vídeo termina con unas letras blancas muy marcadas sobre un fondo negro que dicen: «26 víctimas liberadas, 8 tratantes arrestados. Todo gracias a vuestras donaciones».