Académicos y profesionales, desde Alexis de Tocqueville hasta Naciones Unidas, han discutido desde hace tiempo sobre la conexión entre la democracia y los derechos humanos.
Los Estados en proceso de democratización prometen prácticas mejoradas de derechos humanos, y las democracias liberales incorporan muchos de los principios fundamentales de los derechos humanos. Además, a menudo se requieren instituciones democráticas para resguardar los derechos humanos y poner en práctica las leyes internacionales relacionadas con ellos. Esto no pretende sugerir que las democracias protegen plenamente los derechos humanos o que todas las democracias ofrecen los mismos niveles de protección de derechos. Tampoco quiere decir que los regímenes no democráticos no pueden proteger los derechos humanos. En cambio, la supuesta conexión entre la democracia y los derechos humanos sugiere que las democracias más sólidas generan mejores garantías para los derechos humanos.
Lo que falta en estos argumentos, sin embargo, es la manera en la que los propios ciudadanos entienden la conexión entre los derechos humanos y la democracia.