Acordados por los Estados miembros de Naciones Unidas y diseñados “para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad” y para dar continuidad a la agenda de desarrollo tras los Objetivos de Desarrollo del Milenio, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son en verdad admirables como metas a alcanzar en 2030. Pero tres años después de su adopción por parte de los líderes mundiales, su progreso es muy lento - particularmente en México. ¿Qué es lo que no está funcionando?
La captura del Estado por parte de la élite corporativa, a pesar de que no sea ésta la única causa, explica en gran parte el problema. La indebida influencia corporativa en las instituciones estatales y sobre los responsables de la toma de decisiones relacionadas con políticas públicas socava la capacidad del Estado para estimular el crecimiento económico, reducir la pobreza y la desigualdad y proteger el medio ambiente.
Esta captura del Estado es a la vez causa y efecto de las fuertes disparidades en términos de riqueza de las que adolece México – disparidades que la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible reconoce como uno de los “grandes desafíos”.