Las revelaciones de The Intercept Brasil que sacudieron las redes sociales el domingo 9 de Junio y dejaron el escenario político, jurídico y periodístico entre la explosión de indignación y el silencio estupefacto, demuestran, con pruebas incontestables, lo que todos los actores de estas tres esferas ya sabían.
El actual Ministro de la Justicia de Bolsonaro y ex juez federal de Curitiba, Sergio Moro, ha cruzado los límites de la legalidad, de la ética y de la moral al llevar a cabo, junto al fiscal del Ministerio Público Federal, Deltan Dallagnol, operaciones fraudulentas y juicios corrompidos. Ambos coodinaron el juicio y la acusación, ejecutando un guión preestablecido para impulsar el impeachment de la presidenta Dilma Rousseff y, sobre todo, para encarcelar al ex presidente Lula.
Es decir, Moro, Dallagnol y otros miembros de la operación Lava Jato actuaron como mafiosos para intentar destruir el Partido de los Trabajadores (PT) y, además, llenarse los bolsillos de dinero a través de discursos dirigidos a la mitad idiotizada y antipetista de la clase media y a los plutócratas hipócritas del eje Río-Curitiba-São Paulo (sin contar el fondo privado que querían crear con el dinero de Petrobras y que pretendían administrar ellos mismos). ¡Una operación Cosa Nostra!