Que un país de 50 millones de habitantes tenga, a corte de 6 de agosto, 346.000 casos confirmados de Covid-19, más de 9.000 muertes y cifras diarias de contagio superiores a los 7.000 casos durante más de un mes no tiene explicación. Menos si se tiene en cuenta que Colombia tomó, a diferencia de muchos países en el mundo, medidas estrictas desde que se identificaron los primeros casos a finales de marzo de este año.
El sábado 23 de mayo, en su programa diario por redes sociales, el presidente Iván Duque anunció que a partir de agosto las universidades y colegios volverían a la presencialidad. Asimismo, la ministra de Educación, María Victoria Angulo, afirmó que el regreso se haría con un modelo de alternancia y que la razón para tomar la decisión se debía a que, en ese momento, las UCI en Colombia contaban con más del 50% de disponibilidad. En esa misma alocución Duque aseguró que a partir del 1 de junio los adultos mayores de 70 años tendrían más libertad para salir, a pesar de ser los más vulnerables frente al virus junto con las personas inmunosuprimidas.
El 1 de mayo, además, Naciones Unidas felicitó al presidente colombiano por su liderazgo y acciones para controlar la pandemia, y aseguró que las medidas económicas y de reactivación de la vida productiva implementadas en Colombia eran excepcionales. Dos meses después, la población colombiana está de nuevo en cuarentena estricta hasta el 1 de septiembre, los colegios y universidades están lejos de retomar actividades presenciales y la economía está sufriendo un impacto incalculable. Entonces, ¿qué pasó?