Nunca antes había existido un momento en el que ser defensor de derechos humanos resultara tan desafiante y lleno de riesgos. De acuerdo con Front Line Defenders, “[m]ás de 1,000 defensores de derechos humanos fueron asesinados, acosados, detenidos o sometidos a campañas de difamación y otras violaciones en 2016”. Ahora más que nunca, hay más activistas de derechos humanos en más lugares que son víctimas de actos de violencia con resultados mortales, particularmente los que defienden los derechos ambientales en Latinoamérica, mientras que las acusaciones inventadas, los juicios imparciales y las leyes que ponen obstáculos en contra de los defensores de derechos humanos y su trabajo se han vuelto la norma en muchas partes del mundo.
Los defensores enfrentan fatiga y trauma y luchan contra el síndrome de desgaste profesional.
Además de las amenazas contra su seguridad personal, los defensores enfrentan fatiga y trauma y luchan contra el síndrome de desgaste profesional. Por ejemplo, una de nuestras aliadas, una activista que vive en el exilio, fue seguida varias veces por funcionarios gubernamentales y fuerzas de seguridad porque estaba poniendo de relieve las violaciones de derechos humanos en su país de origen. Ella fue amenazada físicamente y su casa fue invadida. Estaba aterrorizada por la seguridad física de sus hijos y familiares y nos confió que no había ningún lugar donde se sintiera segura. A pesar de esto, se negó a darse por vencida, diciendo: “[Estoy] muy motivada a continuar. Creo que el trabajo que estoy haciendo es muy importante. Si no estoy ahí, la situación será muy difícil para otras personas."