El año pasado estuve colaborando en Kenia con Mary (un seudónimo) y la organización que ha creado para ayudar a mujeres víctimas de agresiones sexuales a denunciar sus experiencias de mala práctica policial. Durante la crisis de violencia postelectoral registrada en Kenia entre 2007 y 2008, a la propia Mary no le hicieron caso en una comisaría cuando trató de denunciar que la habían violado. El agente de servicio le dijo que la violación no era un delito grave. Nueve meses después dio a luz.
Este dista mucho de ser un caso aislado. De acuerdo con el Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ), muchas mujeres sufrieron experiencias similares con la policía keniana durante el periodo de violencia postelectoral. Algunas fueron violadas por los agentes y ninguno de esos casos fue investigado ni juzgado, ni siquiera cuando las mujeres eran capaces de identificar al agresor.
“Hay demasiados ejemplos de ausencia de respuesta policial y de falta de protección de nuestros derechos, lo cual nos ha dejado en situación de vulnerabilidad e inseguridad”, afirma Mary. “Les han enseñado a usar la fuerza y la brutalidad para imponer la ley o la paz. Es más, utilizan la violación como arma intimidatoria”.