Cualquier residente de El Callao, una ciudad minera del estado Bolívar, en el sur de Venezuela, puede cavar un hoyo en el patio de su casa y encontrar oro, algo que está lejos de suceder con el agua potable.
“El agua dulce vale oro aquí y sin el agua no tenemos vida. Algunas veces nos traen un agua mala y los niños y todo el mundo en la casa se siente mal del estómago”, explica Jesús García, un minero de 32 años.
En la mayoría de las casas y negocios de la ciudad hay tuberías por las que debería circular agua potable.