
Las terribles escenas de violencia policial que tuvieron lugar el pasado 1 de octubre en Cataluña, junto con la más desconcertante falta de respeto a los procedimientos democráticos y la sustancia democrática que los precedieron hace un mes en el Parlamento catalán, nos interpelan con urgencia a levantar una voz colectiva.
Esta voz pertenece a la izquierda democrática, no alineada, a una izquierda cuya expresión hemos anhelado. Si bien esta voz condena inequívoca y firmemente la violencia autoritaria respaldada por el gobierno central, resiste severamente y democráticamente al discurso nacionalista. Nos negamos a aceptar este binario como la elección que debemos enfrentar. El pluralismo y el debate no pueden eliminarse en nombre de la democracia por las siguientes razones: