Verónica Yunkar, o Vero Cestsenk por su nombre indígena achuar, es una mujer valerosa. Una mujer que ha tomado el control de su propia biografía. La lucha de Vero es mejorar la vida de las madres de su comunidad en la Amazonía ecuatoriana y la de sus bebés. Esta es su manera de contribuir a la defensa de la selva, que ella sostiene con orgullo y determinación.
“Nosotras somos mujeres. Como la selva. Por eso debemos ser respetadas. Somos sagradas, como la selva”, asegura. Pero el trabajo de Vero es complejo. Trata de combinar la dimensión sagrada de la maternidad con la mejora activa de la salud de las indígenas.
Entender el contexto en que se produce su lucha como mujer achuar es fundamental para comprender la dimensión de la labor que desarrolla. Hace relativamente poco tiempo, a mediados del siglo XX, a caballo entre los años 40 y 50, los distintos pueblos de su etnia pasaron de vivir como cazadores-recolectores nómadas a ocupar pedazos de selva, cultivar parcelas de tierra y formar comunidades asentadas. A partir del cambio de siglo, estas comunidades están creciendo muy rápido, y se están adaptando a este nuevo modo de vida, procurando a la vez que esto no signifique perder su fuerte identidad en el proceso.