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Nueva tendencia, viejas raíces: la “internacionalización” en la historia de Amnistía

Para Amnistía Internacional, la tendencia cada vez mayor hacia la “internacionalización” tiene raíces muy antiguas. Una contribución al debate de openGlobalRights, La internacionalización de las ONG de derechos humanos: ¿por qué, cómo y a qué costo? English

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La decisión que tomó Amnistía Internacional de experimentar con nuevas estructuras de activismo en el sur global y dispersar muchas de las funciones de su Secretariado Internacional con base en Londres a diversos núcleos alrededor del mundo ha detonado un animado debate dentro y fuera de la organización. El proyecto organizacional de varios años aún está en curso, y no es posible evaluar sus resultados inmediatamente. Pero una cosa es cierta: “internacionalizar” no es un objetivo nuevo para Amnistía. El esfuerzo reciente es de mayor magnitud, más ambicioso y más dramático que las iniciativas anteriores, pero sería un error considerar al proyecto “Closer to the Ground” (Acercarse al terreno) como si no estuviera conectado con los esfuerzos y compromisos que han caracterizado a la organización durante décadas.

El compromiso formal de AI a tener presencia en todo el mundo data de 1989, cuando los delegados ante el Consejo Internacional de AI (el organismo supremo de toma de decisiones de la organización) declararon que el desarrollo de la membresía era una prioridad organizacional superior. Para principios de los años noventa, AI gastaba cerca del 10% de su presupuesto internacional en ampliar y respaldar sus estructuras de membresía federadas más allá de Europa y Norteamérica. Sin embargo, a pesar que se emprendieron esfuerzos coordinados durante un periodo extenso, los resultados fueron decepcionantes. En la década de los noventa, AI dio la bienvenida a aproximadamente una docena de secciones nuevas, incluidas las de Corea del Sur, Argelia, Nepal, Benin, Taiwán y Eslovenia, pero al final tuvo que cerrar varias secciones en las que había invertido fuertemente. Parte del problema fue que se exigía de las secciones de AI más de lo que era razonable para un grupo pequeño de voluntarios, en cualquier país, particularmente sin contar con el apoyo de un organizador de campo ubicado en el lugar.

Otra limitación inherente era que el programa de AI se enfocaba principalmente en las violaciones en otros países, algo que resultaba difícil de promover entre los voluntarios que querían resolver problemas urgentes en sus países de origen. Los activistas para los que AI resultaba atractiva como una organización internacional políticamente imparcial y con la reputación de actuar con eficacia se unieron con gusto a las campañas temáticas globales, pero a menudo les parecía onerosa la labor de mantener una mesa directiva de voluntarios, recaudar fondos y participar en los debates internos sobre las políticas de AI. La carga se volvía aún más pesada cuando estas tareas organizacionales requerían traducciones del y al idioma local. El crecimiento tendía a aumentar las exigencias, los gastos y las expectativas, y el liderazgo local de algunas secciones se resistía abiertamente a las presiones para aumentar el número de miembros.