
La crisis de la izquierda en todo el mundo ha abierto la puerta a que se cuelen los movimientos de la ultraderecha y amenacen nuestras democracias.
Lo que Francis Fukuyama llamó ‘el fin de la historia’ tras la caída del Muro de Berlín en 1989, es decir, el final de la lucha de ideologías entre derecha e izquierda en la post-guerra fría, y el triunfo de la democracia liberal como única opción política, perdió toda relevancia treinta años después.