
Activistas protestando en Lima, Peru. Imagen del blog de IWHC.
En abril de 2016 los peruanos elegirán un nuevo presidente. El elenco de presidenciables es bastante usual – ex presidentes y la hija de un ex presidente que ya se presentó, sin éxito, en la anterior convocatoria electoral. Los principales candidatos son todos conservadores y hablan de que el crecimiento económico es una prioridad. En muchos aspectos, estas elecciones no son muy distintas de las precedentes. Sin embargo, algo sí es diferente este año. Hay, por lo menos en una cuestión, una perspectiva más progresista que está echando raíces.
Recientemente, un candidato declaró que se oponía al aborto y un periodista le preguntó: "Pero ¿qué pasa en el caso de una violación?" Esa pregunta habría sido inconcebible en anteriores campañas presidenciales, a pesar de que Perú tiene una de las tasas más altas de violencia sexual de toda la región. Las cifras son impactantes: 1 de cada 5 mujeres peruanas sufren algún tipo de violencia sexual antes de cumplir los 15, y 9 de cada 10 embarazos de niñas menores de 15 años son fruto de un incesto. Los investigadores estiman que en Perú, cada año, 35.000 embarazos son a resultas de una violación.