
El 18 de septiembre de 2013, los indios Munduruku de la Amazonia brasilera enviaron una nota de apoyo a los “movimentos de luchas de las manifestaciones en las calles”. Desde las denominadas “jornadas de junio”, las revueltas masivas que pusieron patas arriba la política brasilera, las calles del país seguían en ebullición. La lucha del pueblo munduruku recibió el apoyo de los movimientos urbanos. Y los Munduruku Ipêrẽgayũ escribieron una carta enviando la solidaridad de vuelta: "Damos gracias a todos los movimentos que manifestaron sus indignaciones en las calles, en todos los sectores sociales y de todas las clases sociales existentes". Mientras los munduruku luchaban contra las hidroeléctricas en su territorio, las calles de Río de Janeiro eran una explosión de símbolos sincréticos, un encuentro de luchas urbanas y causas ancestrales. Un Batman activista corría al lado de un indio korubo en las manifestaciones. El icono de perfil de Anonymous Rio, estilizado por plumas indígenas. Y la Aldeia Maracanã, el antiguo Museo del Indio que el gobierno quería derrumbar para construir el parking del Estadio Maracanã, se convirtió en un icono de una revuelta en la que convivían jóvenes streamers y chamanes de varias tribus. La cosmopolítica, término usado para definir la visión de mundo del líder yanomami Davi Kopenawa, se hacía urbana. Y la tecnopolítica de la era de las redes digitales y de las multitudes empoderadas adoptaba en Brasil desvíos no previstos, teñidos de cosmovisiones ancestrales.
La investigación Nuevas Dinámicas de Comunicación, Organización y Agregación Social. Reconfiguracines tecnopolíticas*, desarrollada tras una convocatoria global de OXFAM, tenía el objetivo de entender mejor las “nuevas formas de participación ciudadana” y “procesos sociales sin centro” de América Latina. A pesar de que el estudio prestó especial atención a las redes sociales digitales, una de sus principales conclusiones es que el ADN ancestral colaborativo latinoamericano (mecanismos orientados al bien común como la minga kichua, el tequio náhuatl o el ayni aymara) y algunas cosmovisiones como el Buen Vivir conviven en la región con las dinámicas tecnopolíticas y el hacktivismo.