YURIMAGUAS, Alto Amazonas, Perú – Nuestra chalupa zarpa antes del amanecer, en septiembre. El plan es bajar por el río Huallaga, llegar al Marañón y luego dirigirse al norte y remontar el río Santiago hacia la frontera con Ecuador. Pero tras una precaria salida en aguas poco profundas, un fuerte golpe – posiblemente de un tronco o una roca bajo el agua – rompe uno de los motores de la embarcación.
En esta región del noroeste de Perú el río se está secando; pero también lo están muchas de las aguas de toda la cuenca del Amazonas, que está sufriendo su sequía más grave en décadas.
A bordo viajan dos líderes indígenas, Uyunkar Domingo Peas, del pueblo Achuar de Ecuador, y Wrays Pérez Ramírez, de la nación Wampís de Perú. Se dirigen a visitar comunidades de los pueblos indígenas Kandozi y Kickwa, tras participar en la Asamblea General de la Alianza de las Cuencas Sagradas del Amazonas en Tarapoto, en el departamento de San Martín, Perú. La colaboración de pueblos indígenas y organizaciones de la sociedad civil de ambos países busca proteger de forma permanente más de 35 millones de hectáreas, hogar de 600.000 personas de más de 30 nacionalidades y pueblos indígenas históricamente unidos por los ríos que interconectan sus territorios, y sus vidas.