En la edición de esta semana:
- Encrucijadas del litio argentino: riqueza minera, pobreza de servicios y disputa por el agua
- Activismo inteligente: cuatro organizaciones belgas lograron un embargo de armas, de facto, a Israel
- Bonus track: Fútbol, el más político de los deportes
Cuando leas esto, yo voy a estar cruzando el río rumbo a Buenos Aires para ver Argentina-España en el mismo bar porteño donde vi la final de la Copa Mundial de Fútbol 2022. Es una cábala que pienso cumplir, electrizada por el despliegue de la selección argentina.
Este fue un mundial marcado por la arbitrariedad, y no precisamente dentro del campo de juego. Los equipos obligados a viajar sin pausa entre ciudades de tres países que son como tres continentes, y a jugar en horas de calor demencial para satisfacer las exigencias de la televisación; discriminación y humillaciones contra el seleccionado de Irán y un árbitro de Somalia, una tarjeta roja suspendida por orden de Trump.
La FIFA se atrevió a prohibir que se hablara español en las ruedas de prensa. La prohibición duró cinco días. Y la final de este domingo es entre Argentina y España.
Fútbol y política no se tocan, nos dice la FIFA, que es un antro de política menor y corrupción.
Y aún así, siempre hay una grieta por donde se cuela esa otra política, la de la calle, ocurrente y rebelde. Ahí estuvieron algunas banderas de Palestina o el hincha de República Democrática del Congo como estatua viviente de Patrice Lumumba, el héroe de la lucha anticolonial, en los partidos de su selección.
Hubo mucho empeño, de la FIFA y del gobierno argentino, para evitar carteles o imágenes sobre las Islas Malvinas en la semifinal entre Inglaterra y Argentina.
Nadie imaginó que los jugadores albicelestes iban a desplegar en la cancha una sábana de hotel escrita con marcador negro: “Las Malvinas son argentinas”. Estamos ahora en medio de la ola que desató ese pequeño gesto político. Declaraciones, pedidos de sanciones y críticas por mezclar fútbol y política.
El reclamo de soberanía afectó incluso el ánimo de algunos legisladores en la sesión del Senado argentino que, este jueves, debía votar una ley para eliminar las restricciones a la compra de tierras por extranjeros. La sesión se suspendió; era un mal momento. Un partido de fútbol no es solo un partido de fútbol.
Las alegrías del fútbol son de las pocas que tenemos en Argentina hace años. Aunque hay cosas que marchan muy bien para algunos, eso no se traduce en prosperidad para la gente de a pie. Por ejemplo, la minería del litio. El país es el cuarto productor mundial del metal estrella de la transición energética, y hay decenas de proyectos que esperan beneficiarse de las amplias exenciones fiscales, cambiarias y regulatorias impuestas por el gobierno de Milei.
Pero, ¿cómo se vive en un pueblo del Triángulo del Litio, en el remoto noroeste argentino? El periodista Diego Sánchez cuenta la historia de Antofagasta de la Sierra, un paisaje bellísimo y cercano al Salar del Hombre Muerto, el corazón del boom del litio, que espera desde hace 13 años una conexión a la red de gas natural.

De Bélgica llegan lecciones alentadoras. El año pasado, alguien en la región de Flandes se dio cuenta de que los embarques de un proveedor militar francés a un fabricante de armas israelí desde el puerto de Amberes tenían algunas irregularidades.
Los contenedores eran traslados sin control alguno y las empresas no habían solicitado las licencias correspondientes que, según la ley belga, deben tramitarse para el transporte de armamento. Los contenedores llevaban componentes de equipos militares que se estaban usando contra la población palestina de Gaza.
Así empezó una campaña vertiginosa de organizaciones civiles que terminó, en los hechos, en un embargo de armas a Israel. El activista Jo Dirix cuenta cómo se combinó inteligencia, esfuerzo y colaboración.

Como siempre, gracias por leernos y hasta la semana que viene.
Diana Cariboni, Editora de América Latina
democraciaAbierta es un medio de noticias independiente y sin fines de lucro, que se especializa en un periodismo de investigación de alta calidad que cuestiona al poder, inspira cambios y fomenta la visibilidad y el liderazgo de grupos subrepresentados en los medios. Con sede en Londres, tenemos equipos de trabajo en tres continentes.