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¿Y si nos dejásemos de peleas?

Necesitamos encontrar maneras de establecer relaciones menos enfermizas con aquellos que tienen puntos de vista distintos a los nuestros.

¿Y si nos dejásemos de peleas?
Pixnio.com. Public Domain.
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Tengo un recuerdo de cuando yo tenía seis años más o menos. Puede que esté algo distorsionado por el tiempo transcurrido, pero viene a ser algo así: me encuentro en un campamento de verano y un grupo de niños anda burlándose de mí sin compasión. Y llega un momento en el que a mí se me acaba la paciencia. Aguardo a que se distraigan con otra cosa y, en cuanto lo hacen, me acerco a su cabecilla por detrás. Como supongo que debía haber visto en una película o en la televisión, le doy un toquecito en el hombro y, cuando se da la vuelta, le propino un puñetazo en la cara.

Aquí termina cualquier parecido con las películas. Yo lo que espero es ver a mi antagonista caerse al suelo derrotado y que sus acólitos huyan despavoridos ante mi poder. Y que se escuchen vítores. Pero no ocurre nada de esto.

Lo que ocurre es que me da una patada en la espinilla y entonces nos enzarzamos a pelear hasta que un monitor del campamento viene corriendo a separarnos. No guardo ningún recuerdo de lo que sucedió a continuación, o de cómo transcurrió el resto de la semana. Un final apropiado para esta historia ya que, a diferencia de las películas, los enfrentamientos violentos no acaban nunca de manera limpia y satisfactoria. Lo único que recuerdo perfectamente es que, después, yo no me sentía mejor. Tenía la sensación de que las cosas no estaban bien y que lo que había hecho no ayudaba para nada a mejorarlas.