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Argentina, al borde de un ataque de nervios

La probabilidad de que el excéntrico candidato anarco-capitalista Javier Milei gane las elecciones, incluso en la primera vuelta este domingo, puede romper el tablero político con consecuencias imprevisibles

Argentina, al borde de un ataque de nervios
El candidato presidencial Javier Milei de La Libertad Avanza sostiene una réplica de un billete de cien dólares con su foto durante un mitin el 25 de septiembre de 2023 en San Martín, Buenos Aires, Argentina. | Tomás Cuesta/Getty Images
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Al llegar al Aeroparque Internacional Jorge Newbery, el aeropuerto más cercano al centro de Buenos Aires, solo media docena de taxis en actitud indolente esperan al pasajero despistado. Negociar el precio de la carrera al hotel se vuelve un regateo digno de Marrakech y que a mí me recuerda aventuras cambiarias en el mercado negro en el Este de Europa, antes de la caída del Muro de Berlín.

Estamos en marzo de 2023 y todo se justifica a la caza del dólar. Un conductor intenta cobrar el dólar al cambio oficial, que se sitúa en 200 pesos, el otro, haciéndome entrar en el carro, me dice que el cambio negro (dólar blue, lo llaman) está a 300 pesos cuando en realidad estaba a 400 en ese momento, y hay otro que desde la ventanilla afirma que no se aceptan billetes de menos de 100 dólares en toda la ciudad, mientras más allá otro habla de la exhorbitante cifra de 700 pesos por dólar, pero dice que no tiene cambio. Al final, al darse cuenta de que no soy presa fácil, el que parece ser el jefe le ordena a uno de sus subordinados que me lleve a mi hotel en Palermo por 20 dólares.

Esta guerra por el dólar se reproduce por doquier, y se ha convertido en una de las batallas centrales de las elecciones del próximo domingo. Javier Milei es el candidato favorito a pasar a la segunda vuelta de la presidenciales este domingo (aunque algunos advierten que el terremoto que ha provocado puede levantar un tsunami y llevarlo a la victoria en primera vuelta) ha hecho de la dolarización de la economía argentina uno de los caballos de batalla de su disruptiva campaña electoral.