En 2005, la profesora Mary Christina Wood junto con una feroz litigante llamada Julia Olson, empezaron a construir una arquitectura jurídica para garantizar los derechos de los niños a un sistema climático que sustente la vida.
Entendiendo que el principio "para cada violación de derechos, debe haber un remedio" constituye el núcleo de los sistemas jurídicos democráticos en todas partes, las abogadas se pusieron en contacto con uno de los científicos climáticos más respetados del mundo, el Dr. James Hansen, a fin de identificar una solución sistémica para cambio climático.
2008: La ciencia del clima y los casos climáticos convergen
En 2008, Hansen fue coautor del artículo fundacional Target Atmospheric CO2: Where Should Humanity Aim? (en español, El Objetivo del CO2 Atmosférico: ¿Hacia Dónde Debe Apuntar la Humanidad?), en el que concluía que el nivel de CO2 atmosférico debe permanecer por debajo de 350 partes por millón (ppm) para reequilibrar la energía de la Tierra, preservar un planeta para el cual la vida esté adaptada y proteger los derechos fundamentales. Este tope se conoce como el límite de 350 ppm.