Un amigo de Papúa Occidental acaba de enviarme un nuevo documental (por favor, lector, véalo más abajo). Se llama Paradise Bombed y trata de lo que ocurrió cuando, hace casi 2 años, en octubre de 2021, una mortífera lluvia de metal incandescente cayó sobre Kiwirok, uno de los lugares más remotos de la tierra.
El primer contacto con algunas aldeas indígenas de este territorio se produjo en el año 2000 pero, sólo dos décadas después, la modernidad, en forma de drones chinos, morteros serbios y cohetes franceses, llegó para aniquilarlas. Los ataques militares indonesios a Kiwirok, a unos doce kilómetros de la frontera de la Papúa Occidental ocupada con la Papúa Nueva Guinea (PNG) independiente, en un área de densa selva tropical y altas montañas, son lo suficientemente aterradores como para hacer llorar a cualquiera que no tenga el corazón de piedra al ver este documental.
Pero peor es saber que estos bombardeos son sólo una pequeña pieza en un patrón de atrocidades llevadas a cabo por Indonesia con total impunidad, contando con el encubrimiento y asistencia de sus aliados en democracias respetables.