
Vista aérea de la ciudad de México. Wikimedia commons. algunos derechos reservados.
En un artículo de opinión reciente en el New York Times, con el provocador título “How the Human Rights Movement Failed” (Cómo fracasó el movimiento de derechos humanos), el profesor de Yale Samuel Moyn critica duramente al movimiento de derechos humanos por no responder a la desigualdad económica creciente y otros agravios socioeconómicos, que han contribuido al auge del autoritarismo populista. Esta crítica no carece de fundamento, ya que gran parte del movimiento de derechos humanos se ha retrasado en abordar estos problemas y sigue relegando los derechos sociales y económicos al estatus marginado de “derechos fantasma”.
Como ha sucedido con otros lamentos recientes sobre el “fin de los derechos humanos”, el artículo de Moyn generó mucha atención y gestos de asentimiento. Sin embargo, su argumento se basa en una visión muy estrecha, parcial y selectiva del extraordinario alcance, diversidad y ambición del movimiento mundial de derechos humanos. En particular, el relato de Moyn pasa por alto los considerables esfuerzos que han emprendido los activistas de derechos económicos y sociales en todo el mundo para cuestionar las injusticias socioeconómicas, incluida la intensificación actual de la desigualdad económica.