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The Sagrada Familia in Barcelona's eixample district. Flickr/Aldas Kirvaitis. Some rights reserved.La ciudad de Barcelona ha protagonizado, en los últimos treinta años, lo que podríamos definir como una historia de éxito. Sin embargo, en estos momentos, la ciudad vive una intensa polémica sobre quién ha ganado y quién ha perdido en relación a ese éxito. O, dicho de otra manera, sobre qué pauta se ha seguido para distribuir socialmente costes y beneficios. Esa polémica tiene un evidente correlato en las distintas candidaturas y opciones políticas que se presentan a las elecciones municipales del próximo 24 de mayo y que pueden cambiar notablemente los equilibrios políticos actuales.
Uno de los debates en curso relaciona los problemas existentes (aumento de la desigualdad, problemas de vivienda, precariedad laboral, altas cotas de desempleo,…) con decisiones tomadas en los periodos de gobierno anteriores. La transición entre el franquismo y la democracia local fue cuidadosamente preparada por una élite intelectual bien conectada internacionalmente y bien enraizada en los partidos políticos y movimientos sociales de oposición a la dictadura. El eslogan de las primeras elecciones municipales de la democracia (1979) fue: “el pueblo entra en los ayuntamientos”.
En buena parte, esas elecciones anticiparon el gran cambio en el liderazgo de la nueva democracia que asumió el Partido Socialista en 1982. Barcelona consiguió en 1986 la nominación para celebrar los juegos olímpicos en el año 1992. Ese triunfo permitió reconfigurar la ciudad, aprovechando el flujo de inversiones públicas y privadas que el acontecimiento propició.