La condena del expresidente brasileño Jair Messias Bolsonaro por participar en un intento de golpe de Estado tiene un fuerte simbolismo para quienes conocen las perversidades cometidas durante la dictadura militar en Brasil (1964-1985) y en otros países de América Latina.
No es solo una victoria de la democracia, sino también de las mujeres, tantas veces atacadas por él.
En el juicio político contra la expresidenta Dilma Rousseff (2011-2016), Bolsonaro, entonces un oscuro diputado federal, votó por destituirla rindiendo homenaje al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, que había sido un conocido torturador de la dictadura. “El terror de Dilma Rousseff”, dijo Bolsonaro. En 1970, siendo una joven guerrillera, Rousseff fue detenida y torturada durante 22 días en la unidad de inteligencia y represión política que dirigía Brilhante Ustra.