Un martes lluvioso de la semana pasada, el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, subió a un estrado del Parlamento Europeo para prometer lealtad a la Casa Blanca de Donald Trump.
“Hemos trabajado juntos durante muchos años y generado vínculos a ambos lados del Atlántico”, dijo Kast ante una audiencia de cientos de políticos elegantemente vestidos, asesores especiales, miembros de centros de pensamiento e influyentes figuras políticas. “Queremos ver esa alianza entre Estados Unidos y Europa”.
En un mes, el ultraderechista Kast estará gobernando Chile, tras haber vendido el ya conocido cóctel de ira populista, narrativa antiinmigrante y mensajes contra la igualdad de derechos para las personas LGBTQ+ y contra la autonomía corporal de las mujeres. En Bruselas, su discurso fue celebrado y replicado. “Los amantes de la libertad en todo el mundo deben trabajar más estrechamente con Estados Unidos”, afirmó el exministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Ernesto Araújo, cuando le dieron el micrófono. “Esta debe ser una lucha transnacional”.