Frangleidys Ramírez tiene 30 años, y reside de forma itinerante entre dos ciudades del estado Bolívar, en el sur de Venezuela: San Félix y El Callao; en la primera está su familia, en la segunda su lugar de trabajo, las minas de oro.
Es una minera de contextura fina, que se mueve con tal agilidad entre el lodo y las piedras que sus siete meses de gravidez pueden pasar desapercibidos.
“Para mí es normal trabajar en una mina estando embarazada. Trabajé con los últimos tres embarazos, desde hace 4 años”, comenta, mientras clava con fuerza un cincel en el suelo con el objetivo de abrir un hoyo.