Foto: Cecilia Milesi.
Son días en que, casi, la historia se palpa en el aire. Como si fuese una entidad viva o una presencia tangible, desplegada, poblando las calles de Barcelona, donde hoy vivo. Siento que, casi, puedo tocarla con las puntas de mis dedos y aspirarla en cada aliento.
Es una historia viva que, con fuerza, interpela a cada uno de los catalanes –sin distinción–. Trae recuerdos, despierta emociones, avanza a través de historias rememoradas y se reconstruye en conversaciones retrospectivas que buscan darle sentido a un pasado que todavía duele, un presente confuso y un futuro incierto.