Gladys Muñoz recuerda el primer llanto de su bebé con tanta claridad como si hubiera sido ayer. Se aferra a esa memoria de hace 44 años y a la imagen de sus pies diminutos, un recuerdo que ha luchado por mantener nítido en su mente con el paso del tiempo. Es la única prueba que tiene de que su hijo existió.
Alberto, hijo de Muñoz entonces de 17 años y de su marido, nació prematuro el 10 de abril de 1979 en un hospital de Providencia, un barrio de la capital chilena, Santiago. En los días que siguieron, mientras se recuperaba en el hospital, ella afirma que se le negó contacto con su hijo.
Le dijeron que habían puesto a Alberto en una incubadora. Le negaron todos los pedidos para verlo o tenerlo en brazos. Lo único que sabía de él era su talla y su peso: 35 centímetros, un kilo y 325 gramos. Puede que ni siquiera eso fuera cierto.