En la vida cotidiana de los colombianos, la invisibilidad es la vasalla obediente del abuso de poder. Por esto, impera la comprensión plena del contexto de los eventos recientes en esta nación, post-Acuerdos de Paz, ya que ilustra el difícil camino que habrá que atravesar hacia una paz y democracia real.
En Junio 2018 – hace ahora un año, cuando se esperaba que una alianza opositora de fuerzas políticas (consistiendo de la progresista Colombia Humana / Decentes, la Alianza Verde y el izquierdista Polo Democrático) le diese una vuelta transformadora y masiva a esta nación – los mismos de siempre ganaron las elecciones. La ventaja (54% versus 42%) fue alcanzada con cierto grado de intimidación y compra de votos.
Seamos claros. Lo que los colombianos tienen ahora no es, simplemente, un gobierno “de derecha”. Es un gobierno infundido con cobardía cruel, incompetencia y engaño, en el cual, esa minoría que ha desecado al país (y también desangrado – porque por lo menos 533 defensores de derechos humanos han sido asesinados, desde 2016), continúa implementando una versión moribunda y salvaje del neoliberalismo.