Jair Bolsonaro fue el “elegido por Dios” para liberar a Brasil de los “tentáculos del comunismo”, tal y como explicó el pastor Magno Malta en una misa evangélica en la campaña presidencial del año 2018.
Si nos basáramos en esta afirmación, podría parecer que el diablo anduviera suelto por Brasil y que, en la cruzada política para su eliminación, Bolsonaro fuera el único posible redentor. Ahora, superado ya el ecuador de su mandato y con las miras puestas en las elecciones de octubre de 2022, se puede entrever el que será su legado en la sociedad brasileña.
Más allá de su deficiente gestión, entre otras cuestiones, de la pandemia, la gran herencia que recibe Brasil es un antagonismo que fractura la sociedad y cuyas llamas se avivan a diario desde el Palacio de Planalto. Sin embargo, para muchos de sus seguidores, estas llamas no son más que los restos de una guerra entre el bien y el mal.