Durante mucho tiempo, los refugiados, los inmigrantes y la gente en movimiento han estado asociados con recelo a la llegada de enfermedades y dolencias.
Desde las pandemias hasta los genocidios, se habla en términos apocalípticos de las personas que cruzan las fronteras por la fuerza o por elección, como si fueran una "inundación" o una "ola", acrecentada por la xenofobia desenfrenada, el racismo y el miedo elemental a "el otro".
Estas formulaciones no sólo son flagrantemente incorrectas, sino que también legitiman una incursión estatal de gran alcance y políticas de vigilancia y tecno-solucionismo para gestionar la migración cada vez más duras.