Cuando el miedo a la muerte es inevitable, nos afanamos en buscar esperanzas, en volver los ojos a la fe debilitada, o en peor de los casos, a empecinarse en ilusiones por falsas que sean.
Pero hasta ahora no habíamos vivido el caso de alguien que niega el peligro, que lo denigra, que pretende minimizarlo para salvar a los suyos.
Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, está empeñado en lo impensable.