Skip to content

Crimen, violencia y estancamiento político en El Salvador: más de lo mismo

El futuro depende de la capacidad para abordar las causas estructurales de la violencia, reparar el frágil aparato estatal, fortalecer el acceso a la justicia y crear oportunidades reales para la juventud. English.

Published:
2013369_0.jpg
2013369_0.jpg

Manifestantes pintan un eslogan en San Salbqvador, 1º de Mayo 2013. Rene Figueroa/Demotix. Some rights reserved.

Entre enero y septiembre de 2015, un total de 5,015 homicidios fueron registrados en territorio salvadoreño – un aumento del 71% con respecto al mismo periodo en el año anterior. Las estadísticas indican que el 2015 está en camino a convertirse en el año más sangriento de la historia reciente salvadoreña, que ya de por sí se caracteriza por sus altos índices de crimen y violencia. Sólo en el mes de agosto se contaron más de 900 homicidios, una cifra que se compara solamente con la matanza que azotó al país durante los meses más violentos de su brutal guerra civil en la década de los 1980s. Y con un importante aumento en los enfrentamientos letales entre pandillas y agentes de seguridad y una creciente incidencia de actividades criminales destinadas a intimidar los ciudadanos, la dinámica actual de la violencia en El Salvador está pasando de ser un simple problema de seguridad pública y aplicación de la ley a ser una crisis más grave que se asemeja a un conflicto armado.

La violencia en El Salvador es, sin lugar a duda, nada nuevo. Desde el final de la guerra civil en 1992, los niveles de inseguridad fueron aumentando a medida que pandillas rivales se han apoderado de barrios, luchando entre ellas por el control del lucrativo mercado del menudeo de drogas y extorsiones. Mientras que la violencia relacionada con la presencia de pandillas ha sido un factor omnipresente en las vidas cotidianas de los salvadoreños durante estas últimas dos décadas, este último estallido de violencia y el grave empeoramiento del problema de inseguridad han comenzado a revelar la verdadera magnitud de una crisis política y social que continua siendo el mayor obstáculo para un futuro más prometedor.