
Se ha dicho que las crisis ilustran, que permiten apreciar lo que no parecía evidente, a pesar de que estaba ante nuestros ojos. Hannah Arendt escribió que sólo cuando un instrumento que usamos cotidianamente se descompone lo percibimos y, para repararlo, nos ocupamos de él, de cómo está hecho, de su forma y estructura.
De igual manera, esta crisis sanitaria evidencia lo que no funciona, no sólo en nuestros sistemas de salud, sino en las sociedades en las que vivimos, en la relación con la naturaleza y con los otros. Resalta las fallas de nuestros sistemas de salud, que han sido abandonados por las políticas de austeridad aplicadas en casi todos los países del mundo y por privilegiar el interés de las finanzas internacionales por encima del bienestar de sus ciudadanos. Muestra los efectos sobre las sociedades de un sistema económico que acentúa las desigualdades y que, por ello, implica riesgos de salud más altos para los más pobres y los migrantes.
Esto ya ha sido discutido ampliamente y se espera que, ante la crisis sanitaria actual, los gobiernos de nuestros países rectifiquen el rumbo, como bien lo ha afirmado Alain Touraine.