
Havana, Cuba. Flickr/Bryan Jones. Some rights reserved.El apoyo internacional al acuerdo entre Cuba y Estados Unidos es amplio y las excepciones aparecen como irrelevantes. No es un dato menor el papel que desempeñó el Vaticano, especialmente la legitimidad que le otorga que el mediador fuese Francisco, el primer Papa latinoamericano. Esto le ha dado un respaldo serio y responsable a la negociación creando cierto desconcierto entre senadores y representantes católicos, muchos de ellos de origen cubano, en el Congreso de Estados Unidos, que se oponen radicalmente al acercamiento diplomático.
El senador Marco Rubio, republicano e hijo de emigrados cubanos, dijo que la apertura con Cuba es “absurda y parte del ya largo historial de este gobierno de hacerse amigo de dictadores y de tiranos”. Se trata, en este caso, de representantes estadounidenses que se sienten traicionados, pero en realidad están mirando más hacia su electorado interno que a la realidad de Cuba. Especialmente, no tienen en cuenta la necesidad que tiene la sociedad cubana de apertura y la normalización.
Pero son muchos más lo que han abogado por la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Entre ellos políticos y periodistas conservadores como Patrick Buchanan y Joh McLaughlin, el senador demócrata Patrick Lehahy y el senador republicano Jeffe Flake. Un elemento importante en la normalización de las relaciones diplomáticas ha sido la publicación por el periódico New York Times de una serie de editoriales insistiendo en la necesidad de cambio en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. En noviembre el Gobierno de Barack Obama alabó la labor de los médicos cubanos en la crisis del Ebola en Africa Occidental mientras que La Habana y Washington iniciaron conversaciones sobre un intercambio de presos políticos. En mayo algunos ex funcionarios gubernamentales aconsejaron al presidente Obama cambiar la postura de Estados Unidos hacia Cuba.