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De la Cuba de Castro a Trumplandia

Una visita a Cuba, coincidiendo con la muerte de Fidel Castro y la victoria de Donald Trump, pone en perspectiva los logros y las carencias de ambas sociedades. Português English

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Javier Galeano AP/Press Association Images. Todos los derechos reservados.

Al regresar a Cuba de Cuba (donde nací hace muchas décadas) al día siguiente de la muerte de Fidel Castro, no pude dejar de reflexionar sobre la coincidencia temporal entre el fallecimiento de Fidel, una figura histórica imponente y la elección de Donald Trump como próximo presidente de los Estados Unidos. Soy un historiador que estudia Iberia y el Mediterráneo occidental entre finales de la Edad Media y principios de la moderna. Por lo tanto, estos comentarios que siguen no apelan a la experiencia de un historiador de Cuba o de los Estados Unidos. Estas son reflexiones personales, que he intentado situar un poco en su contexto histórico.

Mi esposa y yo estuvimos en Cuba por más de dos semanas, una de las cuales pasamos en La Habana, caminando sobre todo por los barrios no turísticos de la ciudad. Para aquellos que han criticado durante mucho tiempo a la Revolución y al liderazgo de Fidel, hubo mucho que señalar y mucho donde apoyar sus críticas. A pesar de que las condiciones son mejores ahora de las que vimos cuando visitamos la ciudad hace cuatro años, y el cuidado del centro histórico de La Habana ha mejorado mucho, todavía numerosos edificios en la ciudad están decrépitos y al borde del colapso. Las aceras y las carreteras a menudo se desmoronan. Hay escasez de bienes esenciales como papel higiénico, champú, tomates y similares (aunque no hay escasez para turistas y extranjeros). El sistema de transporte público es prácticamente inexistente. Para trasladarse, la mayoría de los cubanos dependen de taxis de modelos muy antiguos,  los “colectivos”, que se detienen en las esquinas y recogen distintos pasajeros, dependiendo de su destino.

Muchos cubanos humildes expresaron sus quejas abiertamente, y vigorosamente. Aunque nadie se lanzó a la crítica abierta del gobierno, muchos nos dijeron que deseaban marcharse del país. Unos cuantos (jóvenes) preguntaron si conocíamos alguna chica agradable que pudieran conocer, queriendo decir una extranjera sensible que se enamorase de ellos y los sacase de la isla. No eran intelectuales, ni disidentes, ni blogueros o artistas, sino gente común.