
Foto usada con el permiso del autor.
Europa sólo profundiza su crisis. Lo que hasta ahora hemos conocido como clase media se volatiliza a marchas forzadas por la imperiosa fuerza del neoliberalismo y la polarización social que le acompaña. Se respiran aires de cambio, pero la balanza no necesariamente se inclina hacia al lado positivo de las libertades democráticas. Las formas de un nuevo autoritarismo planean sobre el continente. No se trata, o al menos no sólo, del avance de los partidos de extrema derecha y del nacional-populismo que se ceba contra los migrantes.
Los atentados del 13 de noviembre en París, y todas sus secuelas consiguientes, han abierto la espita a una forma de gobernanza que directamente pone en el centro la lógica securitaria y la “lucha contra el terror”. De la mayor depresión económica desde postguerra, y que señalaba de forma acusatoria al capital financiero europeo, hemos pasado a los rituales de reforzamiento del Estado y a la apuesta por el belicismo como forma de regulación de lo social.