Había grandes expectativas con el inicio de la Cumbre Amazónica, celebrada en la ciudad brasileña de Belém, los pasados 8 y 9 de Agosto, una reunión sin precedentes de los líderes de los países que albergan y comparten la selva amazónica. Sin embargo, en el cierre del evento los observadores quedaron frustrados por la ausencia de algunos jefes de estado, y la falta de compromisos para poner fin a las exploraciones petrolíferas en la región y de objetivos concretos para detener y revertir la deforestación del bioma, en el que se calcula que se ha perdido el 17% de la cubierta arbórea autóctona.
El anfitrión de la Cumbre Amazónica, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, había inaugurado el evento el martes con entusiasmo. “Hace catorce años que no nos reunimos”, dijo durante su discurso de apertura. “Nunca ha sido más urgente reanudar y ampliar esta cooperación”.
El acto fue promovido por los países miembros de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), agrupación de ocho naciones amazónicas - Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela- fundada en 1978. Fue solo la cuarta reunión del bloque en 45 años y la primera dedicada a cuestiones socioambientales.