Liderada por José Gregorio Vázquez, una patrulla de la guardia indígena ambiental remonta el río Amacayacu, en el Amazonas colombiano. Menos él, que ya supera los 40, todos los integrantes de la guardia ambiental son indígenas muy jóvenes, aunque demuestran gran serenidad y aplomo cuando alcanzan a interceptar una canoa sospechosa que viaja, sigilosa, río arriba.
Se trata de una inspección rutinaria, pero no exenta de tensión. Si bien los dos ocupantes de la embarcación, propulsada por un motor Honda peque-peque que parece recién salido de la tienda, tienen las respuestas al chequeo bien ensayadas: son cortas, lacónicas. Se les nota que no quieren entablar conversación. Están nerviosos, con prisa por quitarse a los guardianes de encima.