La exuberancia vital del alto Amazonas, en la triple frontera de Colombia con Perú y con Brasil, tiene algo de estática. Destila una armonía aparente, aunque esconde en su tranquilidad tensiones múltiples. Aquí, entre los meandros de sus abundantes afluentes, que bajan cargados de vida, donde una biodiversidad excepcional prolifera en la inundación de sus aguas lentas, nada el delfín rosado del Amazonas. Desde tiempos remotos, este mamífero acuático ocupa un lugar sagrado en las cosmologías indígenas, como también lo hace en muchos rincones de la inmensa cuenca amazónica.
También para Lilia Isolina Java Tapayuri, líder comunitaria de la etnia cocama, en el resguardo Tikuna-Cocama-Yagua, el delfín rosado es sagrado. Y ocupa una parte central en su trayecto vital y profesional que la ha llevado a ocupar hoy un papel importante en la conservación de la fauna fluvial de este rincón de la selva amazónica.
Lilia, hace 35 años, nació en la comunidad de San Francisco, a pocas millas al noroeste de Puerto Nariño, sobre el río Loretoyacu, afluente del Amazonas, y desde pequeña se sintió atraída por la fauna del río, que ha marcado tanto el sentido de su espiritualidad como su vida profesional.