Un puñado de guardianes indígenas vigila la selva para evitar una de las tragedias que los abuelos ven en sus sueños: la destrucción de sus “casas sagradas”, los cerros. Un joven líder recuerda el día que se irrumpió la tranquilidad en su comunidad al enterarse de que su territorio fue concesionado por treinta años para extraer coltán, uno de los minerales más escasos y preciados por las grandes industrias tecnológicas del mundo para la fabricación de celulares, computadores y dispositivos electrónicos. En África, la República Democrática del Congo tiene la mayor cantidad de reservas del considerado nuevo ‘oro negro o azul’. En América Latina hay minas en Venezuela y en Colombia.
Timbó de Betania es multiétnica. La habitan 23 familias de siete pueblos indígenas con creencias arraigadas en su entorno natural. Conviven Desanos, gente del relámpago; Guananos, gente del agua; Sirianos, gente de la nube; Cubeos, hijos de Kubai; Tucanos, gente del tucán; Tuyucas, gente de la arcilla; y Barás, gente pez. Todos son amigos de la naturaleza, subsisten de la pesca, la caza y de la recolección de frutos de la selva.
La comunidad está rodeada de cerros –que consideran “casas sagradas”–, de caños y de ríos caudalosos. Timbó de Betania queda en medio de los asentamientos Murutinga y Bogotá Cachivera, a 50 kilómetros de Mitú, capital del departamento, al final de la única carretera que hay en Vaupés, caracterizada por sus arenas blancas y greda rojiza. En esta zona del país, localizada al suroriente de Colombia y en la frontera con Brasil, hay 37.600 personas y conviven 27 etnias de acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).