Un puñado de guardianes indígenas vigila la selva para evitar una de las tragedias que los abuelos ven en sus sueños: la destrucción de sus “casas sagradas”, los cerros. Un joven líder recuerda el día que se irrumpió la tranquilidad en su comunidad al enterarse de que su territorio fue concesionado por treinta años para extraer coltán, uno de los minerales más escasos y preciados por las grandes industrias tecnológicas del mundo para la fabricación de celulares, computadores y dispositivos electrónicos. En África, la República Democrática del Congo tiene la mayor cantidad de reservas del considerado nuevo ‘oro negro o azul’. En América Latina hay minas en Venezuela y en Colombia.
Con rezos, danzas y cantos los indígenas hacen resistencia contra la minería. Una concesión de coltán amenaza los saberes de etnias amazónicas.
En Timbó de Betania, uno de los sabedores que cuida los cerros, pero con rezos, es el abuelo Reimundo Montalvo. Tiene 74 años y pertenece a la etnia Desano. Se encuentra en la maloca, de techo ancho y caído hasta el suelo, construida en madera y hojas secas de palma. Él es delgado y de ojos negros. Su rostro arrugado muestra el largo mapa de la vida.