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Defensores de los cerros sagrados en la Amazonía colombiana: vigilantes del bosque

En Vaupés, Amazonía colombiana, los indígenas se aferran a sus creencias para protegerse de la minería. Una concesión para la explotación de coltán tiene en vilo a tres comunidades: hay líderes amenazados y su derecho a la consulta previa no fue respetado. Parte 2 de 4. English

Defensores de los cerros sagrados en la Amazonía colombiana: vigilantes del bosque
El abuelo Jorge Ardila Ramírez, de la etnia Guanano, relata historias míticas de sus antepasados acurrucado en uno de los huecos del cerro Hamaca | Luis Ángel. Todo los derechos reservados
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Un puñado de guardianes indígenas vigila la selva para evitar una de las tragedias que los abuelos ven en sus sueños: la destrucción de sus “casas sagradas”, los cerros. Un joven líder recuerda el día que se irrumpió la tranquilidad en su comunidad al enterarse de que su territorio fue concesionado por treinta años para extraer coltán, uno de los minerales más escasos y preciados por las grandes industrias tecnológicas del mundo para la fabricación de celulares, computadores y dispositivos electrónicos. En África, la República Democrática del Congo tiene la mayor cantidad de reservas del considerado nuevo ‘oro negro o azul’. En América Latina hay minas en Venezuela y en Colombia.

Indígenas de Vaupés, en la Amazonía de Colombia, guiados por sabedores vigilan los cerros para protegerlos de la explotación de minerales.

A veinte minutos de la comunidad de Timbó de Betania, cruzando la selva, está el cerro Hamaca, uno de los sitios sagrados de los pueblos ancestrales de Vaupés. En su cima se encuentran cinco indígenas vigilando su territorio. Lo cuidan de personas que llegan sin permiso a explotar los recursos naturales. Están a 300 metros de altura del suelo amazónico, en una gigantesca roca gris, maciza, con forma de cono. Desde allí ven la inmensa selva, tupida de árboles y arbustos de todos los verdes, oliva, esmeralda, turquesa, oscuros y claros. También alcanzan a divisar otras lomas, diez imponentes nudos que brotan de la manigua, algunos muy cerca de la frontera con Brasil. Para los nativos, de esos lugares amenazados por la minería nacen la vida, sus leyendas y memorias.