Un viejo motor de barco, un Yanmar diésel de dos cilindros, de fabricación brasileña, instalado a la vista sobre un chasis de camión, unas cuantas chapas de acero, soladas a modo de cabina, y una sólida caja trasera de buena madera, conforman un vehículo en apariencia precario, pero poderoso en toda su simplicidad.
Valiéndose de él desde hace poco más de un año, los habitantes de las tres aldeas de indígenas borarí y arapiun de la Tierra Indígena Maró (TI Maró), en Brasil, pueden recorrer el perímetro completo de su territorio en algunos días. Esto es algo que a pie, como se hacía antes, toma bastante más tiempo: unas dos semanas largas.